La Isla de Yeu (23 km²), tradicional y salvaje, así como la isla de Noirmoutier (49 km²) y su sorprendente paso del Gois, se despliegan majestuosas ante la costa de Vendée. Son islas calurosas y floridas que saben bien cómo cautivar al visitante.
Vendée le abre las puertas de sus espacios naturales protegidos. Entre paisajes agrestes y playas de arena divinamente fina, la costa va mostrándose al ritmo armonioso de las olas a lo largo de 250 km.
Las playas, las calas y las poblaciones marítimas son joyitas de arena y oro que añaden color a este perfumado ramillete.
Desde el Marais Breton, cincelado por la mano del hombre y del mar, hasta el Marais Poitevin se extienden unos paísajes de marismas, de naturaleza inalcanzable que los pintores apodaron la Venecia Verde.
Un viento cargado de historia sopla por los senderos del Bocage, ese paísaje de colinas suavizado por el paso del tiempo y por el verde manto que lo cubre, y envuelve de misterio sus castillos.
El encanto de Vendée se nutre del alegre colorido de las llanuras y los bosques.











